Vivimos en una cultura donde estar agotados parece normal
Trabajamos más horas, dormimos menos, vivimos conectados todo el tiempo y aprendimos a ignorar las señales de nuestro cuerpo.
Muchas personas creen que el cansancio permanente, el estrés, la ansiedad o el dolor son simplemente parte de la vida adulta.
Pero no lo son.
Cuando el bienestar queda siempre para "después", las consecuencias terminan afectando la salud, las relaciones, la productividad y la calidad de vida.
No deberíamos esperar a que el cuerpo nos obligue a detenernos para empezar a cuidarnos.